Feb. 25, 2026
Artículo publicado en El Nuevo Día
Luego de los primeros veinticinco años (2000-2025) del siglo 21, Puerto Rico se encuentra en el peor momento de su historia reciente.
El modelo económico que había comenzado su colapso en las últimas décadas del siglo 20 recibió su estocada mortal con la eliminación del código contributivo de la Sección 936 en 1996 con efectividad en el 2006.
El Gobierno de Puerto Rico, en lugar de buscar un nuevo proyecto de país, prefirió la ruta fácil de aumentar la deuda pública y la dependencia federal.
La crisis económica mundial del 2008 tuvo un efecto exponencial en Puerto Rico que arrasó al país a la quiebra y a la imposición de la Ley Promesa con su Junta de Supervisión Fiscal.
Con la pérdida del control de las finanzas del gobierno, la relación de la Isla con la metrópolis retrocedió a la era de la Ley Foraker de 1900. Se reafirmó la relación colonial de la Isla, constituyéndose una Junta Fiscal, no electa por el pueblo, como los dueños absolutos del proceso financiero y presupuestario del país.
Durante este cuarto de siglo, la economía de la isla ha retrocedido en prácticamente todos los renglones.
A esta crisis económica se sumaron los efectos devastadores del huracán María en el 2017 y, los estragos de los terremotos y la pandemia en el 2020.
Sin embargo, la estadística más impactante es la que refleja la pérdida del veinte por ciento de la población constituido por un grupo productivo y con capacidad procreativa.
Un país con una población envejeciente y sin crecimiento no tiene futuro.
En países soberanos de la escala de Puerto Rico, la población continuó creciendo durante estos veinticinco años: Singapur, un 51%; Irlanda, un 40%; Nueva Zelanda, un 38%; Eslovenia, un 7% y Uruguay, un 4%.
La fórmula de éxito de estos países ha sido invertir en la educación y la infraestructura a la par de profesionalizar el sector público para mejorar la gobernanza.
En Puerto Rico se ha politizado el servicio público, se ha abandonado el fortalecimiento de la Universidad de Puerto Rico y la inversión en la infraestructura, y se ha promovido el desmantelamiento de las instituciones.
En el 2020 el colapso de la estructura física por falta de mantenimiento del histórico Observatorio de Arecibo, cuyo uso se destacó por más de sesenta años en investigaciones astronómicas, es el evento emblemático del desplome de las instituciones del país.
La polarización, el racismo, la inestabilidad y la corrupción del Gobierno mercurial y vengativo de Donald Trump, facilitados por un Congreso disfuncional, repercuten negativamente en su colonia abandonada a su suerte.
Complica el escenario la existencia de un desarrollador convertido en presidente, que visualiza a sus territorios como propiedades inmobiliarias y ambiciona la adquisición de Groenlandia, el Canal de Panamá y Canadá para añadirlos a su emporio.
El desarrollador-presidente, pretende arrastrar a su nación a los tenebrosos tiempos de la Doctrina Monroe y su corolario Roosevelt, tiempos del imperialismo rampante en el continente americano.
Durante estos veinticinco años, Puerto Rico ha tenido ocho gobernadores y gobernadoras (una no electa; posteriormente, convicta). El PNP ganó los comicios electorales en cuatro ocasiones (Luis Fortuño, Ricky Rosselló, Pedro Pierluissi y Jennifer González), y el PPD, tres de ellos (Sila Calderón, Aníbal Acevedo Vilá y Alejandro García Padilla).
Todos son responsables de la debacle por la cual atraviesa la colonia de Puerto Rico. Ninguno ha presentado un plan de país para el futuro.
Los electores que votaron por ellos son responsables de dejarles a las nuevas generaciones un peor país que el que las pasadas generaciones les dejaron a ellos.
El Puerto Rico contemporáneo está inmerso en discusiones triviales e irrelevantes que no atienden la urgencia de trazar un plan de rescate para el país.
¿Cómo se pretende atraer de vuelta a una población joven que ha emigrado por falta de oportunidades cuando la clase política no discute el rol de Puerto Rico en el nuevo orden mundial, un plan para combatir el cambio climático, el papel de la inteligencia artificial en un futuro Puerto Rico, la justicia social, la seguridad salubrista y el rescate de la UPR?
Puerto Rico necesita un liderato capacitado con una visión futurista sin esquemas del pasado, capaz de rescatar y darle esperanza al pueblo insertándolo en el rumbo acertado para el segundo cuarto del siglo 21.
¿Habrá nacido ese liderato?