Una isla perdida en la vorágine global

Artículo publicado en El Nuevo Día
La humanidad atraviesa por uno de los ciclos más convulsionados de su historia.
En un escenario con países dotados de armas nucleares capaces de destruir la civilización, el mundo está dominado por cuatro figuras narcisistas con ejecutorias autoritarias: Xi Jinping, Donald Trump, Vladimir Putin y Benjamin Netanyahu.
Putin es acusado de criminal de guerra y Netanyahu es responsable de uno de los más morbosos genocidios de la era moderna.
Si bien a mediados del siglo XX existían figuras como Hitler, Mussolini, Tojo y Franco, había un equilibrio con otras como Roosevelt, Churchill y De Gaulle. Actualmente, ese contrapeso no existe.
En Puerto Rico, la gobernadora, rechazada por casi el 60% del electorado, en ocho meses su Gobierno no ha logrado superar la mediocre ejecutoria de sus predecesores.
Ha formado un Gobierno sin visión ni plan de trabajo, con individuos desconocidos, y de dudosas cualificaciones. Según señaló ella misma, la cualificación que distingue al nuevo director de PRIDCO es que “es de los que manda y va”.
Peor aún, la gobernadora, solidaria con Trump, está desconectada con la metrópolis, como se evidenció cuando fue por la prensa que se enteró de que Trump había despedido a los integrantes de la antidemocrática Junta Fiscal federal, responsable de tomar las decisiones fiscales de la isla.
El despido de los miembros de la Junta obedece a presiones de algunos bonistas de la deuda pública, contribuyentes de Trump, que exigían pagos irrealistas que la antigua Junta no aceptaba.
Puerto Rico podrá elegir otros gobiernos menos malos, pero continuará en el marasmo político hasta que surjan líderes con un proyecto de país realista, inspirador y futurista.
La situación colonial de Puerto Rico impone la figura de Donald Trump como el jefe de Estado de la isla.
El demagogo Trump, que vociferó que terminaría la Guerra en Ucrania en 24 horas, terminó siendo doblegado por el exagente de la KGB, Putin, en su bochornoso encuentro en Alaska el pasado 15 de agosto.
Putin logró sus objetivos del encuentro: reestablecer su relación y legitimidad con Trump, así como evitar el alto al fuego y las amenazas de sanciones adicionales.
Ucrania solo representa una parte de las ambiciones de Putin. Su objetivo principal es recuperar la influencia, perdida en1989, en todo el este del continente europeo, según coinciden varios analistas.
Trump no cumplió lo prometido y acabó rindiendo pleitesía y honores a un dictador, obsesionado con “Make Rusia Great Again” y acusado de crímenes de guerra.
Putin manipuló magistralmente a Trump.
Los “bullies” son abusadores con los más débiles, pero se acobardan ante los más fuertes.
Trump es el gran comunicador. Intenta convertir la mentira en verdad.
Respecto a los eventos del 6 de enero, convirtió en víctimas a los agresores, los excarceló, los perdonó y hasta los contrató como asesores del Departamento de Justicia.
Más aún, ha lanzado una cacería de brujas contra los investigadores y participantes del proceso acusatorio de los agresores convictos.
El narcisismo de Trump no tiene límites como lo evidencia su obsesión con recibir el premio Nobel de la Paz, y el renombramiento del John F. Kennedy Center for the Performing Arts con su nombre.
Netanyahu, con el apoyo de Trump, ha logrado en un corto plazo que el pueblo judío se convierta de víctima del holocausto en genocida del pueblo palestino.
En el escenario doméstico, mientras Trump continúa implementando el Proyecto 2025 y su plan de venganza contra sus opositores, militarizando ciudades, despidiendo miembros importantes de las estructuras militares y de inteligencia, y sembrando antagonismo entre sus aliados, Xi observa sigilosamente desde Beijing los eventos autodestructivos en Estados Unidos y aguarda pacientemente, consecuente con su modus operandi milenario.
La colonia de Puerto Rico navega a la deriva, ignorada en un mundo convulsionado, pero impactada por las repercusiones directas e indirectas de su vorágine.