Aug. 27, 2026
Distinguidas autoridades universitarias; miembros de la facultad; estudiantes; invitados especiales; colegas y amigos:
Es para mí un verdadero honor y un privilegio acompañarlos en esta ocasión y dirigirles unas palabras en el marco de esta conferencia magistral.
Arecibo tiene un rol muy especial en la historia de Puerto Rico. Es conocida como la Villa del Capitán Correa. Con este nombre rinde honor a uno de los primeros héroes arecibeños y puertorriqueños: Antonio de los Reyes Correa.
Junto a milicianos arecibeños, Correa defendió el poblado de Arecibo de la invasión británica en 1702. Fue herido, pero logró derrotar con sus compueblanos a las fuerzas británicas, numéricamente superiores.
Fue galardonado por el rey Felipe V de España, quien le otorgó la Medalla de la Real Efigie y lo ascendió a capitán.
Arecibo, junto con San Juan, San Germán, Coamo y Aguada, fue uno de los primeros cinco cabildos de nuestra historia.
Pero lo que distingue a los pueblos es su gente. Arecibo debe sentirse muy orgulloso y afortunado de ser cuna de algunas de las figuras más trascendentales del Puerto Rico de los siglos XIX y XX.
No solamente fueron protagonistas de la historia de Puerto Rico; también se dedicaron a comprenderla, documentarla, cuestionarla y participar en las soluciones.
Comencemos con una de las mujeres más destacadas -- y lamentablemente desconocidas-- de Puerto Rico: María Cadilla de Martínez. Nació y falleció en Arecibo, en 1886 y en 1951, respectivamente.
Fue educadora y rescatadora de la cultura popular, además de una destacada escritora y una de las pioneras de la Generación del 30 en Puerto Rico.
Es importante señalar que, en la época en que Cadilla se formó, eran pocas las mujeres que sabían leer y escribir. Ella logró educarse en la Universidad de Puerto Rico y doctorarse en Madrid.
Como comentó el Dr. Ramón Luis Acevedo en un programa de La Voz del Centro en 2026, “su labor literaria estaba enfocada en definir la identidad cultural nacional e hispánica como respuesta al proceso de americanización” impuesto tras la invasión estadounidense de 1898.
Protegió nuestro folklore, rescatando manifestaciones culturales inéditas y preservándolas, porque para ella las costumbres de un pueblo son parte de su patrimonio.
Fue periodista, ensayista, educadora, cuentista, feminista luchadora por los derechos de las mujeres, particularmente el derecho al voto.
Colaboró con grupos intelectuales, feministas y organizaciones sufragistas de su época junto a Ana Roqué de Duprey, Concha Meléndez y Margot Arce.
Cadilla buscó rescatar nuestra poesía folklórica anónima. Publicó cuentos para adultos que, con el tiempo, se transformaron en cuentos infantiles, llevando así su legado a las nuevas generaciones.
María Cadilla de Martínez fue una importante contribuyente y protectora de la nacionalidad y la cultura puertorriqueña, orgullo de esta ciudad de Arecibo.
En la actualidad, sería una gran activista en la lucha contra la violencia de género y defensora de la igualdad de derechos. También protestaría en contra del desmantelamiento del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
Francisco Gonzalo Marín, arecibeño conocido como Pachín Marín, fue el poeta patriota y revolucionario.
Nació en Arecibo en 1863 y murió en la manigua de la isla de Turiguanó, al norte de Cuba, en 1897, combatiendo en el Ejército Libertador Cubano.
Pachín Marín, fue hijo de padres mulatos, maestros de origen humilde que le brindaron una educación poco común para el siglo XIX de alto analfabetismo.
Juan Manuel García Passalacqua comentó, en un programa de la Voz del Centro en el 2003, que Amalia Marín --madre de Luis Muñoz Marín y pariente del poeta-- le relató que la obra de Pachín Marín no recibía el reconocimiento que merecía debido a elementos racistas.
Su poesía, además de los temas patrióticos, incluía composiciones amorosas y narrativas, como el poema “El emisario”, que muestra su talento para la poesía de carácter político y reflexivo. Como músico bohemio, sabía tocar el violín y la guitarra, y componía canciones.
Fundó un periódico, El Postillón, desde el cual defendió el autonomismo radical. Fue perseguido y tuvo que exiliarse, primero en Santo Domingo, luego en Venezuela y, finalmente, en Nueva York.
Allí participó activamente en la Junta Revolucionaria de Cuba y en los clubes antillanos que propugnaban la independencia de Cuba y Puerto Rico. Estableció una estrecha relación personal con el apóstol cubano José Martí.
Martí y Marín eran poetas que defendían el ideal independentista de las Antillas, y ambos sacrificaron sus vidas por la causa revolucionaria a temprana edad.
En Nueva York, Marín ejerció el periodismo y se convirtió en uno de los primeros escritores puertorriqueños de la gran urbe.
Tras la muerte de su hermano menor, Wenceslao, en 1896, combatiendo contra el régimen español en Cuba, Pachín decidió unirse a la causa revolucionaria en Cuba para vengar la muerte de su querido hermano.
En Cuba fue secretario personal de Máximo Gómez, el destacado militar dominicano que llegó a ser general en jefe del Ejército Libertador de Cuba.
En 1897, enfermó de malaria y pidió ser abandonado en una hamaca para no retrasar el avance de sus tropas.
Murió solo, a los treinta y cuatro años, en una hamaca, arropado por la naturaleza antillana que tanto admiró y defendió hasta el final, quedando inmortalizado como uno de los héroes de la independencia de Cuba.
Pachín Marín encarnó una combinación poco común de talento artístico, compromiso político y valentía personal; una de las figuras más vivas y polifacéticas del Puerto Rico del siglo XIX.
En la actualidad, Pachín Marín estaría militando en las protestas contra el coloniaje, la corrupción y el deterioro de los servicios básicos de agua y electricidad. Estaría promoviendo los derechos de los marginados y la protección de los recursos naturales, luchando contra la aprobación de los proyectos que amenazan con destruir la zona del karso. Se opondría a desarrollos ajenos a un plan de país, como el caso de Esencia.
Hablemos del Dr. Cayetano Coll y Toste, ilustre arecibeño, Historiador Oficial de Puerto Rico desde 1913 hasta su muerte en 1930.
Nació en 1850 y falleció en Madrid, en 1930, a los ochenta años, aún dedicado a su producción literaria. Fue médico, historiador y escritor.
Su vida abarcó momentos cruciales en la historia de Puerto Rico: el Grito de Lares, la Carta Autonómica, la invasión estadounidense, la Ley Foraker y la Ley Jones. Fue testigo ocular de la transición de Puerto Rico de colonia española a colonia estadounidense.
Además de su labor médica, Coll y Toste dedicó gran parte de su tiempo a la investigación y divulgación de la historia de Puerto Rico, convirtiéndose en un referente intelectual cuyo legado sigue siendo fundamental para comprender la evolución cultural y política del país.
Coll y Toste entendió que una nación necesita memoria, que un pueblo necesita documentos y que las futuras generaciones necesitan saber qué ocurrió antes de ellas.
Fue el fundador y editor de los catorce volúmenes del Boletín Histórico de Puerto Rico que forma parte fundamental de nuestra tradición historiográfica.
También fue autor de las Crónicas de Arecibo y de la Leyendas puertorriqueñas, estudiadas en las escuelas.
A raíz de la Carta Autonómica de 1897, Coll y Toste formó parte del Gabinete Autonómico dirigido por Luis Muñoz Rivera, como ministro de Hacienda.
Luego de la invasión, Coll y Toste se quedó colaborando con los estadounidenses, pues, según comentó fray Mario Rodríguez de León en un programa de la Voz del Centro en 2026, “él se quedó en el Gobierno invasor para irlos educando”.
Coll y Toste pensaba que, eventualmente, los estadounidenses entenderían a la nación puertorriqueña y respaldarían la independencia.
Manuel Fernández Juncos, quien participó en el Gabinete Autonómico, colaboró igualmente con el Gobierno invasor y, al igual que Coll y Toste, confiaba en que podrían influir en ellos y proteger la lengua del español.
En la actualidad, Cayetano Coll y Toste continuaría recopilando la historia del país, buscando la forma de educar al estadounidense sobre la nación puertorriqueña y explorando maneras de colaborar en un escenario descolonizador.
También Coll y Toste estaría reclamando que se subsanen las condiciones deficientes del Archivo General de Puerto Rico y se optimicen sus recursos, y estaría denunciando y buscando revertir el desmantelamiento paulatino que están sufriendo los departamentos de historia de las universidades.
Llegamos ahora a otro gran héroe arecibeño, el novelista Manuel Zeno Gandía, quien nació en 1855 y falleció en San Juan en 1930, a los setenta y cinco años.
Fue médico, humanista, periodista, escritor y político.
Al igual que Cayetano Coll y Toste, fue testigo de eventos significativos de la historia de Puerto Rico: el Grito de Lares, la Carta Autonómica, la invasión estadounidense, la Ley Foraker y la Ley Jones.
Su perspectiva médica se convirtió en metáfora de una sociedad puertorriqueña empobrecida, desarticulada y sometida a estructuras coloniales. Esta evolución lo llevó a escribir sus Crónicas de un mundo enfermo.
Como comentó el Dr. Félix Córdoba Iturregui en un programa de la Voz del Centro en 2005, para Zeno Gandía, como médico, la realidad era “observar a la sociedad nuestra, diagnosticar, verla como un inmenso hospital”
En estas crónicas incorpora cuatro novelas que describen el Puerto Rico de finales del siglo XIX y principios del XX, una época neurálgica en la historia del país, cuando nos transformó de colonia española a colonia estadounidense. Zeno Gandía describe esa realidad sin maquillarla.
Las novelas son una interpretación y reflexión del Puerto Rico de una época de transición de una metrópolis a otra.
Su novela Garduña denuncia la corrupción judicial y el poder de las élites, y nos sumerge en el escenario de una hacienda azucarera. La Charca retrata el mundo cafetalero y la falta de articulación interna de la economía colonial.
El Negocio examina el puerto de Ponce, la clase comercial y una riqueza orientada hacia el exterior. Y Los redentores critica la transacción de principios políticos a cambio del poder.
Escribe Garduña y La Charca inmerso todavía en la colonización española; en El Negocio ya se encuentra en el espacio de la ruptura, a raíz de la nueva relación con Estados Unidos y de todos los cambios sociales y políticos que esa relación trajo consigo. Finalmente, Los redentores aborda la dimensión política y la incapacidad del país para resolver su problema de libre determinación.
Zeno Gandía hizo una contribución enorme a la historiografía de la nación puertorriqueña a través de la literatura, fuera de los libros tradicionales de historia.
Fue un personaje renacentista que logró combinar la práctica médica, la poesía, el periodismo y la participación política. También era un gran amante de la música wagneriana y asiduo ciclista.
Tras la invasión estadounidense en 1898, Puerto Rico se encontraba bajo un nuevo régimen y con un futuro incierto.
Zeno Gandía quiso comprender a Puerto Rico y también intervenir en su destino.
El pragmatismo y liderazgo lo llevaron a formar parte de una comisión puertorriqueña, integrada también por Eugenio María de Hostos y el Dr. Julio Henna, para reunirse en Washington con el presidente William McKinley el 20 de enero de 1899.
Ellos no iban a pedir favores; sino que llevaban propuestas: pedían reformas, un gobierno civil, libertades, derechos y atención a la educación. Más aún, pedían que el futuro de Puerto Rico no se decidiera sin escuchar a los puertorriqueños, es decir, a través de un referéndum.
McKinley se limitó a comunicar que Estados Unidos tenía planes para Puerto Rico y que no se procedería con un referéndum.
Ante la indiferencia de McKinley --indiferencia que continúa hasta el presente--Zeno Gandía abandonó su práctica de la medicina e incursionó en el mundo de la política. Fue electo en 1902 a representar a Arecibo en la Cámara de Delegados; en 1904 participó en la fundación del Partido Unión (que abogaba por el autonomismo, la independencia y la estadidad).
En 1911, junto a Rosendo Matienzo Cintrón y Luis Llorens Torres, fundó el primer Partido Independentista Puertorriqueño, que luego desapareció cuando el Partido Unión asumió la consigna de la independencia.
Zeno Gandía diagnosticó, escribió y actuó sobre la situación de Puerto Rico.
En la actualidad, Zeno Gandía evaluaría el escenario político partidista, fundaría un movimiento político descolonizador y establecería una línea de comunicación directa con la metrópolis para buscar una solución al tenebroso panorama político local.
Finalmente, la última de las figuras arecibeñas que resalto es la más contemporánea de todas, ya que llegó hasta la segunda mitad del siglo XX: el dramaturgo y escritor de la identidad puertorriqueña, René Marqués, nacido en 1919 y fallecido en San Juan en 1979.
Marqués es el más pertinente para la situación actual de Puerto Rico porque abordó temas de plena vigencia actual como la puertorriqueñidad, la inmigración, el coloniaje, el poder político y la pobreza, entre otros.
Dejó una huella profunda en la cultura puertorriqueña, usando el teatro y la literatura para comunicar la realidad social de la nación.
Marqués tiene una perspectiva atinada sobre la trágica situación colonial del país.
Una de sus primeras obras teatrales, publicada en 1949, se tituló “Palm Sunday”. La escribió en inglés como requisito para su curso de dramaturgia en la Universidad de Columbia, en Nueva York, tras recibir una beca de la Fundación Rockefeller.
Desde el inicio de su trayectoria como escritor, esta obra ya marca su sentir anticolonialista.
La pieza dramática está basada en los trágicos hechos de la Masacre de Ponce, ocurrida el 21 de marzo de 1937, en la cual fueron asesinados 19 participantes de una marcha pacífica del Partido Nacionalista en Ponce, previamente autorizada por las autoridades.
La Comisión de Derechos Civiles de Estados Unidos la catalogó en su informe como la “masacre de Ponce”.
La obra fue escondida por muchos años, pero finalmente fue traducida al español y presentada con éxito en el Teatro Tapia de San Juan en 1956.
Acontecimientos históricos y conflictos sociales enmarcan la temática de su obra literaria. En ella, Marqués recoge los cambios socioculturales que experimenta Puerto Rico en las décadas de 1950 y 1960: la industrialización y modernización, la emigración promovida por el Gobierno, el establecimiento del Estado Libre Asociado y la hegemonía del Partido Popular Democrático bajo el fuerte liderazgo de Luis Muñoz Marín.
Hay tres obras de René Marqués que, a mi juicio, retratan mejor el Puerto Rico que el autor quiso exponer: Los soles truncos (1958), La carreta (1951) y La muerte no entrará en palacio (1957).
En Los soles truncos, Marqués presenta la decadencia de la sociedad criolla tradicional frente a la modernización y la llegada de los estadounidenses.
Los personajes se encierran en su casona antigua de la calle Cristo, en el Viejo San Juan (la verdadera casa de los soles truncos estaba cerca de la catedral de Arecibo), aferrados al pasado aristocrático y a sus recuerdos, tratando de detener la realidad que acontecía fuera de su estancia.
Se trata de una metáfora de la crisis histórica, cultural y política de Puerto Rico: la casa decadente simboliza una sociedad que no logra adaptarse al nuevo orden histórico. En el propio título, el sol, símbolo de vida, esperanza y un nuevo amanecer, está “trunco”, entorpecido, representando vidas que no pudieron alcanzar su plenitud.
Al final de la obra, cuando un incendio consume la casa, Marqués recurre al símbolo del fuego de El crepúsculo de los dioses, de Richard Wagner: un fuego que no quema; sino que purifica.
La carreta es probablemente la obra literaria puertorriqueña más importante del siglo XX. En ella se presenta al puertorriqueño desplazado del campo a la ciudad como resultado de la industrialización: primero a San Juan y luego a la urbe neoyorquina, donde confronta pobreza, discriminación y pérdida de identidad.
Esa pobreza se retrata tanto en el arrabal de La Perla como en el Barrio Hispano del Bronx.
La muerte no entrará en palacio es una crítica al poder político y económico, con personajes inspirados en figuras y conflictos reales de la época.
Según narró José Lacomba, estrecho colaborador de René Marqués, en un programa de la Voz del Centro en 2008, esta obra “resume todas sus ideas, todo su sentir político hacia Puerto Rico”.
El personaje de don José es una crítica directa a Luis Muñoz Marín, descrito como un antiguo independentista que sustituye el idealismo soberanista por el pragmatismo económico y pacta con la metrópolis. Lo retrata como un líder paternalista y populista, intolerante ante la disidencia, dramatizada mediante la Ley de la Mordaza.
El tratado que firma don José en la obra alude claramente al acuerdo político de 1952 que crea el Estado Libre Asociado.
Juan Manuel García Passalacqua sostenía que la obra había sido censurada por el Gobierno del Partido Popular. Los hechos son que fue escrita en 1957, publicada en 1959 representada en Nueva York en 1981 y, finalmente, en Puerto Rico, en 2012.
En Los soles truncos se presenta la decadencia de una sociedad encerrada en su pasado, de espaldas al mundo; en La carreta, al puertorriqueño que abandona la tierra y busca su futuro en las ciudades dentro y fuera de Puerto Rico, exponiendo el éxodo y el desarraigo; y en La muerte no entrara en palacio se expone el poder, la política, el coloniaje, el oportunismo y la corrupción.
Aparte de estas tres piezas, Marqués escribió numerosas obras significativas, entre ellas, su célebre ensayo: “El puertorriqueño dócil”.
René Marqués utilizó magistralmente su obra como instrumento para comunicar la realidad histórica y social de la nación puertorriqueña.
En la actualidad, René Marqués continuaría discutiendo la realidad del Puerto Rico del siglo XXI, que magnifica la problemática del siglo pasado.
Estaría abogando por la clase artística y el restablecimiento de presentaciones y festivales teatrales en la isla.
Estas cinco figuras inspiradoras nos subrayan la importancia de pensar y no memorizar; investigar y no repetir; distinguir entre conocimiento e información al defender una posición.
María Cadilla de Martínez rescata la cultura; Pachín Marín encarna el ideal patriótico; Cayetano Coll y Toste conserva la memoria; Manuel Zeno Gandía denuncia la realidad; y René Marqués dramatiza el conflicto de la identidad.
¿Qué tenían en común estas cinco figuras, aparte de haber nacido en Arecibo? Fueron1. Inteligentes y en constante búsqueda del conocimiento; 2. Humanistas, gente de la palabra, comunicadores efectivos; 3. Idealistas templados por el realismo; 4. Valientes, sin miedo de defender sus posturas; 5. Innovadores que rompen esquemas; 6. Defensores de los derechos humanos; 7. Honestos, buenos seres humanos, con nobleza de espíritu; 8. Contribuyentes en la construcción, documentación y expresión de la identidad puertorriqueña; 9. Visionarios con mirada hacia el exterior, más allá de las fronteras isleñas; 10. Comprometidos con la ética del trabajo y la excelencia.
María Cadilla de Martínez inspira a las féminas jóvenes a fomentar su educación y sus ansias de superación, a proteger sus derechos, a luchar contra la violencia doméstica y a investigar y recopilar la cultura popular, hoy difundida también a través de las redes sociales.
Pachín Marín inspira a los jóvenes escritores en las redes sociales y sirve de modelo para desarrollar sus aptitudes literarias y musicales, junto con al activismo contra la corrupción, contra gobiernos que permiten la destrucción de la naturaleza y que no proveen los servicios de agua y luz que el país necesita.
Cayetano Coll y Toste inspira a los jóvenes historiadores que deben enfrentar un mundo que se mueve a una velocidad pasmosa --una imagen histórica puede ser destruida en unos segundos en TikTok--. Hoy más que nunca son necesarios los historiadores jóvenes y rigurosos que investigan, comparan sus fuentes y preservan el resultado para las futuras generaciones.
Coll y Toste también inspira a quienes deben lidiar con la metrópolis, aprovechando cada oportunidad para educarla.
Manuel Zeno Gandía inspira a los jóvenes escritores a usar el pensamiento crítico para plasmar la historia de Puerto Rico a través de la literatura, y a buscar nuevas opciones políticas que respondan a la realidad actual del país, manteniendo una comunicación directa con la metrópolis.
René Marqués inspira a los jóvenes escritores a usar la literatura o los blogs para plantear el Puerto Rico actual: la nueva emigración hacia al sur de Estados Unidos, la pobreza invisibilizada, la sinergia entre política y corrupción, el nuevo puertorriqueño dócil y colonizado, y la ausencia de un proyecto de país.
Termino con estas dos citas reveladoras:
“El ejemplo no es lo principal para influir en los demás; es lo único.”
— ALBERT SCHWEITZER
“Si he visto más lejos es porque estoy sobre los hombros de gigantes.”
— ISAAC NEWTON
Arecibo le produjo a Puerto Rico estos cinco gigantes.
Muchas gracias.