Oct. 31, 2026

La contracción del trumpismo

La contracción del trumpismo

 

Artículo publicado en El Nuevo Día. 

El pasado domingo 25 de octubre comenzó en Brasil lo que parece ser el principio del fin del trumpismo. El presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva fue reelegido para un cuarto mandato tras derrotar a Flavio Bolsonaro, el candidato favorito de Donald Trump e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de 27 años por la participación en el intento de golpe de Estado en 2023 tras perder las elecciones.

 Como es de esperarse y siguiendo el comportamiento de su padre y de Donald Trump, el candidato perdedor no aceptó la derrota y denunció fraude electoral.   Días después de los comicios, Flavio Bolsonaro salió de Brasil rumbo a Estados Unidos para evitar una investigación pendiente por blanqueo de capitales.

Flavio Bolsomaro ganó la primera vuelta por 2 millones de votos, pero perdió la segunda por 4 millones. Lula obtuvo el 52% de los votos frente al 48% de su oponente.

El economista y Premio Nobel en Economía Joseph Stiglitz advirtió días antes de las elecciones: “Si gana Bolsonaro, el desempleo aumentará, el crecimiento se desacelerará, la pobreza crecerá y la situación de la clase media empeorará”.

 Lula se convirtió en el primer candidato en la historia de Brasil en ganar unas elecciones tras haber quedado segundo en la primera vuelta.  En tres semanas consiguió 10 millones de votos adicionales al reclutar a jóvenes, trabajadores, clases populares y defensores de la democracia.

Con ello impidió el regreso del bolsonarismo, que pretendía corromper la Constitución, imponer medidas que enriquecieran a la clase alta a expensas de la clase trabajadora, destruir la selva amazónica y arrodillarse ante Donald Trump.

El rotativo español, El País, afirmó en un editorial que “la remontada de Lula en Brasil muestra que el avance del trumpismo no es irremediable”.

Para Trump esta es su primera derrota con repercusiones globales, tras haber ganado las últimas siete elecciones latinoamericanas y haber ocupado Venezuela.

 El trumpismo ha fracasado en su intento de controlar a Brasil y a México, que juntos suman el 52% de la población y 56% del PBI del continente (Banco Mundial, 2025).

Los principales aliados de Trump en la región son los controversiales Milei, Bukele, Noboa, Kast, Fujimori y De la Espriella.

En las elecciones de Israel celebradas el 27 de octubre, la coalición de ultraderecha encabezada por el primer ministro Benjamin Netanyahu perdió la mayoría de los escaños del Parlamento (Knesset) y se enfrenta ahora a la oposición liderada por Gadi Eisenkot en la disputa por formar gobierno.

Ninguno de los grupos pudo reunir los ansiados 61 escaños para lograr la mayoría.  El grupo de los árabes alcanzaron 19 escaños, un resultado histórico que los convierten en interlocutores importantes para la formación de un futuro Gobierno.

Estas complicadas negociaciones podrían tardar varias semanas, de no resultar, se convocarían nuevas elecciones.

Gracias a sus alianzas con la ultraderecha, Netanyahu ha conservado el poder y ha logrado retrasar temporalmente el proceso judicial en su contra.

Uno de los temas de la campaña fue la responsabilidad de Netanyahu en los hechos del 7 de octubre de 2023, perpetrados por el movimiento islámico palestino Hamas, que causaron más de 1,000 muertos israelíes y la captura de 250 rehenes. Netanyahu ha evitado que se realice una investigación.

La masacre sirvió de pretexto para declarar el estado de emergencia y lanzar un ataque despiadado contra los palestinos en la Franja de Gaza que ha causado la muerte de más de 70,000 civiles, entre ellos numerosos niños indefensos.

Las Naciones Unidas han señalado que Israel ha cometido genocidio contra los palestinos en Gaza, y la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra Netanyahu.

Durante la campaña política, Netanyahu aprovechó al máximo el respaldo de Donald Trump, quien goza de mayor popularidad en Israel que en Estados Unidos.  Trump alega que su apoyo evitó uno derrota contundente del primer ministro. Sin embargo, no logró la victoria que Netanyahu necesitaba para retener el poder en esta primera etapa.

Las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos, el 3 de noviembre, determinarán el control del Congreso, el Senado y la mayoría de las gobernaciones.

Trump ha recurrido a varias maniobras para prevalecer: forzó a estados a rediseñar los distritos electorales (gerrymandering), intentó aprobar una nueva ley electoral y cambiar las reglas del envió de papeletas por correo, cuestionó las cualificaciones de votantes en California y radicó una demanda en Alaska por si su candidato al Senado perdía.

Además, utiliza el Departamento de Justicia como si fuera su bufete particular: el secretario de Justica, Todd Blanche, fue su abogado personal.

La mayoría de las encuestas pronostican una victoria demócrata en la Cámara de Representantes.

En el Senado, aunque en principio los republicanos eran favoritos para retener el control, el alto costo de la vida y el aumento del petróleo, más la impopularidad de la guerra de Irán y del presidente Trump crean un escenario propicio para que los demócratas conquisten al menos cuatro de los siete escaños republicanos vulnerables, lo que les daría el control del Senado:  Carolina del Norte, Ohio, Alaska, Maine, Texas, Iowa y Kansas.

En un reciente editorial, The New York Times coincidió con Donald Trump en que los votantes deben asumir que el presidente está en la papeleta junto con todos los candidatos locales y que deben tener presentes sus fracasos en cumplir las promesas de campaña, sus intentos de socavar la democracia estadounidense y su flagrante corrupción.

Trump, Netanyahu y Bolsonaro quedarán en los anales de la historia como ávidos críticos del proceso democrático, con un marcado desprecio hacia los tribunales, la prensa y el Estado de derecho.