Sept. 13, 2026
Artículo publicado en El Nuevo Día.
Donald Trump, junto a su criatura, MAGA (Make America Great Again), no solo ha fracasado en su objetivo de convertir a Estados Unidos en un país “grande otra vez”, sino que lo ha arrastrado a uno de los peores momentos de imagen internacional en su historia.
Mientras Washington se repliega sobre sí mismo, Pekín ocupa sigilosa y metódicamente el espacio que Estados Unidos deja vacío.
La encuesta del Pew Research Center publicada en julio de 2026 revela que, por primera vez, el mundo ve a China más favorablemente que a Estados Unidos. Así lo cree la mayoría de los encuestados en 25 de 36 de los países consultados.
Entre los hallazgos más reveladores, vemos los siguientes: el 57% no tiene una opinión favorable de Estados Unidos; el 76% desconfía del presidente Trump; el 50% no considera a Estados Unidos un socio confiable; el 63% no lo ve como un contribuyente a la paz y estabilidad mundial; el 66% cree que Estados Unidos no toma en consideración los intereses de otros países; y el 56% cree que su Gobierno no respeta las libertades personales de sus propios ciudadanos.
Estas cifras reflejan un deterioro marcado frente al estudio anterior de Pew, realizado en 2022.
La mayoría de los encuestados desaprueba el manejo de Trump en política exterior: la ayuda humanitaria (56%); las políticas domésticas de inmigración (65%); la ocupación de Venezuela (63%); el conflicto entre Rusia y Ucrania (72%); la Guerra contra Irán (74%); el conflicto en Gaza (76%); los aranceles (77%); y la propuesta de anexión de Groenlandia (68%).
Entre los países que tienen una imagen más desfavorable de Estados Unidos se encuentran Turquía (84%); Suecia (80%); Alemania (71%); Francia (70%); Italia (69%), España (67%) y Canadá (66%).
El país que tiene el porciento mayor con una imagen favorable de Estados Unidos es Israel (80%).
En desconfianza personal, la encuesta revela que Trump (76%) solo es alcanzado por Netanyahu (74%). Putin alcanza un 65% y Xi Jinping, un 54%.
La imagen favorable de Estados Unidos cayó de un 58% en 2023 a un 36% en 2026, mientras que la de China subió de un 32% a un 46% en el mismo período.
La confianza en el manejo de asuntos internacionales por parte del presidente estadounidense bajó de un 47% con Biden en 2024 a apenas un 21% con Trump en 2026; la de Xi Jinping, en cambio, subió de un 19% en 2024 a un 31% en 2026.
En pocos años, Trump y su grupo MAGA han arrastrado la imagen de Estados Unidos a niveles impensables. Es el resultado de decisiones erráticas e improvisadas, mentiras persistentes y, el abuso de poder con un estilo autoritario reforzado por la complicidad de un Congreso disfuncional y un Tribunal Supremo politizado.
Mientras Trump impone aranceles de forma caprichosa y revanchista, involucra a su país en la guerra de Israel contra Irán y confronta a sus aliados europeos y canadienses, China avanza discretamente hacia el espacio que Estados Unidos construyó desde 1945.
Este reacomodo se evidenció recientemente en Bishkek, Kirguistán, sede de la vigésimo sexta cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). Los líderes Vladímir Putin (Rusia), Xi Jingping (China) y Narendra Modi (India) reforzaron su cooperación regional frente a sanciones occidentales, con la participación del presidente de Irán, Masoud Pezeshkian.
Mientras los principales líderes de los países más poblados se reúnen para tejer alianzas, Trump profundiza el aislamiento de Estados Unidos: cierra sus fronteras a estudiantes internacionales, empuja al exilio a científicos valiosos, rechaza a organismos internaciones como la ONU y se enreda en guerras de difícil salida y en pleitos con sus aliados tradicionales.
Estados Unidos continúa siendo la principal economía del mundo, pero el futuro dominado por la tecnología-empezando por la inteligencia artificial – le abre a China la oportunidad histórica para desplazarlo.
A principios de los años noventa, el líder chino Deng Xiaoping lo resumió con una frase que hoy resulta profética: el Mediano Oriente tiene petróleo, China tiene elementos de tierras raras (rare earth elements). El consumo de estos elementos domina hoy la tecnología moderna.
China controla cerca del 70% de la producción minera global de tierras raras, el 48% de las reservas mundiales y hasta el 90% del procesamiento, separación y refinamiento global.
Estados Unidos aporta apenas el 13% de la producción de tierras raras, y Australia, el 7%. China produce ella sola siete veces más que ambos países combinados.
Estos elementos son esenciales para la fabricación de semiconductores, críticos para el desarrollo de las computadoras, tecnología militar (misiles, radares), automóviles eléctricos, energía renovable, electrónica de consumo (teléfonos inteligentes, fibra óptica), baterías y equipos médicos (MRI, rayos X).
La combinación de una estrategia MAGA que aísla a Estados Unidos con un cuasi monopolio chino de un recurso estratégico allana el camino para que China se consolide en la cúspide del poder mundial.
Ese tenebroso escenario, sombrío para cualquier potencia que dependa de alianzas y de su credibilidad internacional, Puerto Rico lo observa desde la periferia: atado a un estatus colonial y dirigido por una gobernante aliada al trumpismo y ajena a las decisiones que están redefiniendo el orden mundial